
Cabra montés
Capra pyrenaica
Trepan por desfiladeros y riscos rozando el abismo, y cuando el grupo come siempre hay una vigilante. A la mínima señal de peligro, todas echan a correr.

No es extraño, al transitar por las carreteras comarcales dels Ports, que alguna cabra hispánica o montés se cruce en tu camino, con la consiguiente sorpresa; y, según la época del año, en pequeños grupos que trepan ágilmente por desfiladeros y riscos, rozando el abismo. Se alimentan de pastos y, cuando escasean, comen las hojas y las puntas tiernas de las ramas de los árboles.


Es un animal de complexión fuerte y robusta. El macho es más grande, y también lo es su cornamenta, anillada y curvada hacia atrás. La hembra tiene la cornamenta más pequeña y delgada.
Se trata de una especie polígama: el macho va solo. Cuando llega la época de apareamiento se acerca al rebaño de hembras, que generalmente van juntas. El macho es agresivo con los demás machos, que también acuden a la llamada en la época de celo; el que termina vencedor de la contienda se queda con el grupo de hembras, que abandona después de la cópula.


La gestación dura aproximadamente 23 o 24 semanas, y la época de parto es entre abril y julio. Tienen habitualmente una o dos crías. Las crías, si son hembras, acompañan siempre a su madre; no así los xotos, los machos jóvenes, que se separan de la manada.
Hemos observado que cuando un grupo de cabras con sus crías está comiendo siempre hay una vigilante, observando el entorno, y a la mínima señal de peligro todas echan a correr. Sus depredadores son los zorros, las águilas y los cazadores furtivos. Otras veces, si las observamos con calma, siguen su camino: tienen un sentido de supervivencia agudo y saben cuándo están en peligro.



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